No creo en nada, excepto en el latido de nuestros corazones. No creo en nada, un centenar de soles hasta que nos separemos. No creo en nada, excepto en la verdad de quienes somos.
Sigilosa me muevo entre las notas músicales que expulsan mis auriculares, sin hacer el menor ruido posíble para no estropear la bella melodía.
Sígueme y piérdete conmigo.
0 comentarios:
Deja un comentario